Conoce mas autoras de cambio

A continuación accede a un repositorio
de obras de distintas escritoras ecuatorianas:

PÁJARO NEGRO

Sandy Vallejo

Las vigas encarcelan el cielo un pájaro negro
fluctúa sobre la mano que lo enhebra. El ave ensombrece

la neutralidad de las paredes con la inocencia del que vuela. La vista:
busca el presagio de la eternidad en sus hoyuelos cerrados.

La habitación: testigo presencial del retorno al silencio

Origami

Lucero Llanos Orellana 

Pliega tu cuerpo sobre el mío
Flor, grulla, barco.
Zarpemos.
Grita ‘letra a la vista’
(Porque eso de gritar ‘tierra’ es muy anticuado) Desdóblame, léeme,

vuélveme a plegar. Olvida que fui tu origami.

Poesía

Rocío Veintimilla Aguirre

La Poesía me salva la vida para cantarle a lo hermoso, para sentirme agradecida
y llorar lo doloroso.

La Poesía me llena el alma
para saborear en letras la gloria, describir mi hora nefasta
y deshojar la memoria.

La Poesía me da aliento cuando ya no me queda valor, para restar mi sufrimiento
o tan solo para aliviar el dolor.

La Poesía me dio valentía
para expresar lo que pienso,
cuando pensé que no la tenia
la Poesía se convirtió en mi alimento.

La Poesía vivirá conmigo aunque no tenga que escribir y no quede ni un testigo
de mi breve existir.

“Encantada Guayaquil”

Rocio Irene Veintimilla Aguirre

Naciste en lo alto de un cerro

y creciste grande como puerto. Forjada fuerte como el hierro cada mañana en ti despierto. El encanto tuyo en cada calle

y toda vereda aflorada.

No importa donde me halle

que a ti siempre vuelvo enamorada.

El Rio Guayas te baña,

el sol, todos los días te acompaña. Ningún invierno fuerte te daña

ni tampoco el verano te desengaña.

Cada esquina tuya guarda una memoria:

el tranvía, las serenatas, los hombres usando sus tostadas.

Cada letra de tu nombre tiene historia

como el Reloj Morisco, el Cementerio y las mujeres de sombrillas adornadas.

Así es mi Guayaquil!

Guayaquil de mis padres y mis abuelos!

Eres el Guayaquil de todos los que llegan

y eres también el Guayaquil de los extranjeros.

Mi Ciudad del Estero Salado,

mi Ciudad del brazo de mar.

Cada que me voy te llevo a mi lado

y cada que regreso te vuelvo a amar.

Encantada Guayaquil de promesas,

mi bella Ciudad de gente buena

donde Julio Jaramillo me canta mis tristezas, encantada mi cuna, donde vivo serena.

“Hina matsuri”

Lucero Llanos Orellana

Cada marzo esperaba el festival de las muñecas.
El aroma de durazno se escurría entre los pliegues de mi ropa,

de tanto velar a las que llamaba ‘hijas’.

Hilaba kimonos imaginarios y salía con ellas

a recorrer el pasado imperial de mi país.

Las demás niñas retiraban sus muñecas el 4,

conforme a la tradición,

por miedo a quedarse solteras.

En cambio, yo las dejaba todo el año.

La mala suerte me parecía un precio justo por verlas sonreír.

“Kanashimi”

Lucero Llanos Orellana

A veces no es posible tolerar a la madre con sus cosas, dijiste.

En mi historia, en cambio, a quien no tolero es al padrastro que me abrió la blusa de manera no tan democrática

y me vendió por décadas como un fetiche oriental

a su servicio. Me duelen Hiroshima y Nagasaki,

como a ti, tus jueces, la dictadura y el doble discurso de tu país.

Porque a tu tierra la buscan entristeciéndose de miopía; pero a la mía, aun la ven con estrabismo.